Palabras entintadas

Palabtas entintadasBuscando otras cosas acabo de recuperar de un viejo archivador una carpeta repleta de folios amarillentos, antiguos textos mecanografiados, testigos de mis primeros duelos con las palabras. Compruebo con nostalgia que el tiempo también ha hecho mella en ellos, sus márgenes raídos y las arrugas de sus caras son el marco de aquellos primeros párrafos de pasión creativa; parece que desde entonces no solo he envejecido yo. No puedo evitar ponerme a releerlos una y otra vez, como quien pasa las páginas de un antiguo álbum de fotos buscando algo en lo que nunca ha reparado, un pequeño detalle que traiga a la memoria nuevos recuerdos del pasado, y me topo con títulos familiares, a veces imposibles, otros musicales, algunos impactantes, otros sugerentes, también los hay del montón, y en ocasiones alguno reciclado para otras historias. Y son ellos los que me han llevado hasta ti, otra vez juntos, como antaño, mi fiel compañera inseparable, creo que ya es hora de adecentarte y ponerte de nuevo a funcionar, revisar tus mecanismos y ubicarte en el lugar que te mereces, sacándote de este cuarto invadido de objetos olvidados vestidos por capas de polvo y abandono, me siento en deuda contigo.

El tiempo tan solo te ha rozado levemente con sus dedos, apenas necesito un poco de grasa, un paño y unas herramientas para ajustar cada una de tus partes y volverás a brillar como lo solías hacer. No sabes lo que disfruto acariciándote de nuevo, la de sensaciones que me transmite tu tacto, busco el molde perfecto entre la yema de mis dedos y la superficie redondeada de tus frías teclas, y lo encuentro, como antes. Añoro la letanía con la que invadías cada estancia de la casa, tu gracioso y continuo “cliqueteo”, mas también recuerdo lo que me inquietaba tu silencio, porque tu silencio era mi vacío, vacío de palabras que no  soportaba.

Si cerrara los ojos y tuviera que pensarte lo haría negro charol, lo haría pesada pero grácil por los huecos que dejas entremedias, lo haría elegante pero a la vez sencilla y funcional, como todas las de tu serie, y también lo haría sobria, pues así aparentas ser, a pesar del guiño de locura divertida que te otorgan las flores doradas que decoran tus flancos. Me sigue sorprendiendo la perfección de tu diseño, el inmejorable armazón de hierro que arropa y protege la famélica desnudez de tus tipos, perfectamente ordenados en semicírculo y coronados en sus extremos por caprichosos caracteres en relieve, los grandes y los chicos, siempre de la mano, o el carro, sobre el que envolver el temido papel en blanco, o los tabuladores, para fijar márgenes e imponer un poco de orden, o el timbre, anunciante del final de línea. Riguroso luto el de tu escritura de los primeros años, lo recuerdo bien, nada que ver con la explosión de color que ahora desplegamos, te engalané después con una cinta entintada a dos mitades y con ella llegó el color sangre, para acompañarte. Aunque resignada a los caprichos de mi imaginación y entregada como ninguna, escaso margen para los equívocos me dabas, nunca te gustó la intromisión de aquellos pequeños papeles correctores blancos, no, te gustaba la perfección.

La de campos de batallas que hemos creado juntos, de encuentros y desencuentros, has sido cuna donde se mecieron héroes, pero también refugio de cobardes, escuela de vida, o escenario de actores improvisados. La de personajes e historias que han escapado de tus letras ¿recuerdas?: Candela y Tobías con sus amores de juventud, el revelador viaje al pasado de Marcelo, la incomprendida marcha de Raquel a la ciudad, Abel y los misterios que rodearon su muerte, los desencuentros entre Natalia y Carla, su madre, el desamor que sufrió Gabriel, o la cotidianidad rota de los vecinos de aquel pueblo olvidado del norte.

¡Cuánto hemos imaginado! Tú, forjadora de sueños, de mentiras y de realidades a medias, reina de la ficción, entusiasta de la palabra. Verdaderamente ¡qué formas las tuyas, mi compañera!, la de esqueleto de hielo pero corazón fogoso y apasionado. Te conservas magnífica, pero tus teclas ya no son de este tiempo; mi querida Remington STANDARD 12, aquí te dejo, deslumbrante una vez más, de nuevo nos separamos, hasta siempre.

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