Oda a la cama

Rooms by the Sea.el que ama y el que sueña

vinieron y se van de cama en cama,

La primera vez que entró en el dormitorio de los abuelos sola apenas levantaba unos pocos palmos del suelo, se coló como un torbellino, se encaramó a la cama cogiendo carrerilla desde la puerta y escaló hasta arriba agarrándose al edredón de parches de colores con las dos manos. Desde entonces solía hacerlo a menudo, allí arriba se sentía una gigante dominando su pequeño mundo. Pocos años después descubrió que con un simple salto podía rozar con la punta de los dedos las cuentas de cristal de la lámpara haciéndolas tintinear o que, si se ponía de puntillas sobre las almohadas, alcanzaba incluso a ver el alto del armario con las cajas de cartón donde la abuela Lucía guardaba su vestido de novia perfectamente doblado. ¡El vestido! Los pocos días del año en que Manuela la convencía para que se lo enseñara convertían la habitación en una auténtica fiesta; Manuela, de pie sobre el colchón y metida de lleno en su papel de novia, sostenía entonces sobre su cabeza el larguísimo velo a duras penas, metros y metros de tul que se extendían por toda la estancia cubriendo el suelo por completo, mientras la abuela trataba de proteger con sus manos cualquier pedazo de tela que pudiera engancharse con algo —«¡para ya, niña, que acabarás rompiéndomelo!»—. La alcoba de los abuelos le fascinaba, se podía pasar horas y horas sentada frente al espejo del tocador simulando empolvarse la nariz o peinando su pelo rubio con el suave cepillo de latón de la abuela Lucía, mientras esta tejía con habilidad alguna nueva bufanda o jersey de vivos colores para el abuelo Fabián al ritmo del vaivén de la mecedora. Siempre aprovechaba cualquier descuido de su madre para colarse allí, y todos sabían que la única forma de que Manuela les dejara un poco tranquilos por la tarde era acostándola sobre la enorme cama de matrimonio de los abuelos para que se echara la siesta, siempre al revés, con la cabeza en los pies, porque en esa posición podía ver la bahía. Así se quedaba dormida, con la imagen del mar acunando sus sueños. Cuando despertaba solía encontrarse a la abuela sentada en la cama a su lado. «Niña, cuéntame, ¿qué has soñado hoy?», y Manuela le relataba entonces historias geniales de peces enormes que cambiaban de color, de barcos que giraban en torbellinos que se los tragaban para aparecer en otro lugar, o de gaviotas que eran capaces de andar por el agua sin hundirse. Ambas reían.

Luego

viene a la cama

la muerte con sus manos oxidadas

Una tarde no la dejaron echarse después de comer porque el abuelo Fabián ocupaba su sitio en la cama, Manuela se acercó a verle de la mano de su madre, estaba en el centro del colchón y los pies le asomaban por debajo de la sábana; Manuela contaba a todos que el abuelo era el hombre más alto del mundo, estaba convencida de que crecía un poco cada noche y siempre decía que como siguiera así tendrían que comprar una cama nueva más larga, o fantaseaba acerca de qué ocurriría si llegara un día en que sus pies alcanzaran a tocar la pared de enfrente, «entonces tendrá que dormir en el jardín», solía afirmar muy seria la abuela Lucía, sonriendo después cuando la pequeña no la veía. Manuela cogió el chal azul de la abuela y lo enrolló en los pies del abuelo, «¿veis?, ¡una bufanda para que no se le constipen los pies!», dijo muy seria. Aquella tarde sin embargo la abuela no tenía ganas de bromear, había arrimado la mecedora a la cama y miraba fijamente a Fabián; sus manos no sostenían las enormes agujas de lana como acostumbraba sino el pequeño rosario que guardaba en el joyero de nácar del cajón de la mesilla. Manuela se subió una vez más a la cama y, antes de que su madre la cogiera en volandas para bajarla, se acercó a la cara del abuelo y le dijo «¿por qué no te das la vuelta para dormir?, si no ves el mar no tendrás sueños bonitos».

(Relato inspirado en el poema “Oda a la cama” de P. Neruda)

Anuncios

3 comentarios en “Oda a la cama

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s