Verde

VerdeOdio la comida de color verde. Odio la lechuga. Odio las judías verdes. Odio las acelgas, o las espinacas. Odio los guisantes. Odio el brécol, lo que más, huele fatal. Mamá se empeña en que coma cosas verdes, como ella. Yo las odio. Me aburro con esa comida, aunque estén los dibujos en la tele, da igual, al final se acaban y yo sigo con mi plato de cosas verdes en la mesa de la cocina. A veces intento darle a Choco alguna pinchada por debajo de la mesa —mientras mamá está de espaldas y no me ve—, pero a Choco tampoco le gusta la comida verde. Es de mi equipo. Papá también. A veces le dice a mamá que estoy creciendo y que debería comer también otras cosas. Comida amarilla. Mi preferida. Espaguetis, raviolis, macarrones, tornillos o cestitas, ¡ah, y el arroz de la paella!, pero sin cosas verdes ni bichos. Y mamá le dice a papá que si no me ha visto lo rellenita que estoy para mi edad, y que la comida amarilla me va a engordar aún más. Y entonces papá empieza a gritar a mamá diciéndola que no vuelva a decir eso más veces, que el médico ha dicho que estoy como las otras niñas de siete años, y que a lo mejor es a ella a quien no le vendría mal comer de vez en cuando algo de comida amarilla también, o de otro color, comida. También le dice que si no se mira en el espejo últimamente, que cualquier día va a bajar al cuarto de las basuras la báscula, que toda la ropa se le ha quedado grande y que como siga así acabará teniendo que ponerse mis camisetas. ¡Mis camisetas no!, grito yo, pero no me escuchan; creo que voy a tener que esconderlas, por lo menos las de Disney, mis favoritas, no quiero que mamá me las estropee, aunque la valgan.

Cuando discuten así, al final papá se va de la cocina, y mamá acaba llorando en su habitación, tumbada en la cama, y se tira así un buen rato, sin querer ver a nadie, ni al pobre Choco que va a lamerla la cara. Yo aprovecho para tirar entonces en el cubo algo de lo que me queda en el plato y lo tapo con papeles y bolsas para que mamá no me descubra después, porque se enfadaría. Al día siguiente mamá me cocina algo rico y amarillo, pero solo un día, al otro vuelve a llenarme el plato con comida de color verde. Hasta que papá vuelve a enfadarse otra vez con ella, aunque eso no pasa muchas veces, él muchos días no viene a comer a casa, yo creo que porque en el bar del trabajo deben ponerle cosas más ricas que las que cocina mamá. Seguro que comida amarilla.

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Un comentario en “Verde

  1. Luis Fernández de los Muros dijo:

    Hola.
    Siempre llegan mis comentarios, aunque sea tarde. Pero ya lo decía aquel, más vale tarde que pronto… O algo así.
    Y voy a volver a ser previsible. Me ha gustado mucho. Me gusta como entreabres puertas y las dejas así para que sigamos observando acabado el texto.
    Gracias.

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