Brillos y guiños

Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

(“La tortuga y Aquiles” de Augusto Monterroso)

Vos me matáis,
Vos me hechizáis,
Musa de bellas palabras.

Vos me matáis,
Vos me nubláis
con vuestras demandas.

Dadme respiros
del aire a beber

¡Que lo necesito!

Dadme algo más que un fin
que podáis leer.

¡Dadme un final digno!

(Anónimo del siglo XLVIII a.C)

Una mañana, al despertarse Gregor Samsa después de un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto.

(“La metamorfosis”, de Franz Kafka, 1883-1924).

Cielo sereno, aire sereno
sobre pasiones ciegas y
puertos que anclan madrugadas
ebrias de su naufragio, vinos
de la felicidad donde el mundo
se detuvo. Gira la entrada
de soles desconocidos, vientos
que ninguno tocó.

(De pie, de Juan Gelman, 1930-2014).

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

(El viento y el alma, de Luis Cernuda, 1902-1963).

¿Qué clase de paseo va a ser éste si me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma, que se me va a meter el agua por el pescuezo y que los cafés olerán a humedad,…?
(Lucas, sus soliloquios, de Julio Cortázar, 1914-1984).

la luna se oculta en
sus cabellos.
El
lirio
del cielo
colmado de sueños,
se desploma.

cubre su brevedad en el canto
encierra en redes pájaros desmayados
por margaritas y crepúsculos
La ahonda.

Declama
sobre su
cuerpo
de la lluvia

esparcido murmullo.
(The moon is hiding, de E.E.Cummings, 1894-1962).

si el

verde
se abre
un poco un
poco
fue
mucho y mucho
es

demasiado si

el verde vestido se
a
b
r
e
y dos son
fresas salvajes
(16:437 de E.E.Cummings, 1894-1962).

Quejábase de amor, pedía alas. También Emma hubiera querido huir de la vida, evaporarse en un abrazo.  (Madame Bovary, Gustave Flaubert).

El sueño de la bella era invencible. Cuando el avión se estabilizó, tuve que resistir la tentación de sacudirla con cualquier pretexto, porque lo único que deseaba en aquella última hora de vuelo era verla despierta, aunque fuera enfurecida, para que yo pudiera recobrar mi libertad, y tal vez mi juventud.  (El avión de la bella durmiente, en Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez).

En la sala de espera de las mujeres elijo un banco desde donde se vea la puerta principal de la estación. Por si vuelve. Me dirá que todo ha sido una broma. O una prueba, como en uno de esos dramas medievales (Amundsen, en Mi vida querida de Alice Munro).

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados (El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez).

Al llegar a mi casa y precisamente en el momento de abrir la puerta me vi salir. Intrigado decidí seguirme (Encuentro, Octavio Paz, en Así escriben los mexicanos).

Trata de guardarlas, poeta,
por más que sean pocas aquellas que se detienen.
Las visiones de tu amor.
Ponlas, medio ocultas, entre tus frases.
Trata de retenerlas, poeta,
cuando despierten en tu mente
en la noche o en el fulgor del mediodía.
(Cuando despierten  – Constantino Cavafis)

Estaba al borde de un cantero, una flor amarilla cualquiera. Me había detenido a encender un cigarrillo y me distraje mirándola. Fue un poco como si también la flor me mirara, esos contactos, a veces… Usted sabe, cualquiera los siente, eso que llaman la belleza. Justamente eso, la flor era bella, era una lindísima flor. Y yo estaba condenado, yo me iba a morir un día para siempre.
(Una flor amarilla  – Julio Cortázar)

Los payasos actúan en parejas. Por lo general uno de ellos es víctima de las bromas, trucos y tramoyas del otro: el que recibe las bofetadas. Las parejas pueden ser Augusto y Carablanca, Pierrot y Arlequín, Penasar y Kartala, el tonto y el inteligente, el gordo y el flaco, el torpe y el ágil, el autor y el lector.
(¿Quién es la vícitima? – Fenómenos de circo  – Ana María Shua)


Y nadie sabe… La poesía es una
manera de silencio.

Si alguien está seguro que la tiene,
que escriba el primer verso.

Viniera hasta mis manos y se haría la luz,
yo le preparo un hueco.

(La poesía – Manuel Alcántara).

Compartir un paraguas, reconozcámoslo, no deja de ser una gran intimidad, como quitarle a un hombre pelusas del abrigo… una pequeña e ingenua osadía.
(El barón – Katherine Mansfield).

Holly se levanta del sofá y se echa en la cama.
Pregunta:
-¿Lo has hecho con ella en esta cama?
No tengo nada que decir. Dentro de mí noto que no tengo palabras. Le alargo el vaso y me siento en la silla. Apuro mi copa y pienso que ya nunca será lo mismo.
(Belvedere – Raymond Carver).

MAX.- ¿Eres pelinegra?
LA LUNARES.- ¡Lo soy!
MAX.- Hueles a nardos.
LA LUNARES.- Porque los he vendido.
MAX.- ¿Cómo tienes los ojos?
LA LUNARES.- ¿No lo adivinas?
MAX.- ¿Verdes?
(Luces de Bohemia – Valle Inclán).

“A él le pareció que, por debajo de las uñas, los dedos de su madre eran ya como el verde limo de las tumbas. ¡Había empezado ya a transformarse en tierra! (Herzog – Saul Below).

“Y Emma trataba de inquirir el verdadero sentido de las palabras felicidad, pasión y embriaguez, que tan hermosas le parecieron en los libros” (Madame Bovary – Gustavo Flaubert).

“En el dormitorio. La luna brilla tras las celosías, y brilla tanto que pueden verse los pequeños botones de su camisón” (Cuaderno de notas – Anton Chéjov).

“De repente se puso de pie y miró el mar. Sybil -dijo-, ya sé lo que podemos hacer. Intentaremos pescar un pez plátano.
-¿Un qué?
-Un pez plátano -dijo, y desanudó el cinturón de su albornoz.

Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se disparó un tiro en la sien derecha. (“Un día perfecto para el pez plátano” Nueve cuentos – J.D. Salinger).

“…En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas… Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más… En “Las Algas” enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y palabras… Con “La Fauna del Mar” cruzaron una y otra vez por los ojos de él y de ella los peces cariñosos, perezosos, suaves, del amor, y estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente…”  (El álbum – Medardo Fraile).

“…y de ahora en adelante, dice para sí,… vivirá exclusivamente para hoy mismo, para este momento, este instante fugaz, el ahora que está aquí y ya no está, el momento que se ha ido para siempre (Sunset Park – Paul Auster).

“El camino hacia la cima es como el viaje hacia uno mismo, una ruta en solitario.” (Alessandro Gogna)

“La noche se hace
cada vez más pequeña
quizás no quepa
la luna.”

(Cuatro gotas – Dulce Chacón)

“¿Pero qué quiere decir el narrador? ¿Está decaído?
¿Le hierve la sangre? ¿El corazón le estalla?
¿O se le pone la carne de gallina en el último momento?
Ha hecho una lista de palabras: en la palabra bosques hay miedo contenido.
En la palabra colinas hay un mundo de pasión.” (El mismo mar – Amos Oz)

“Ese hombre o mujer, está embarazado de mucha gente.
La gente se le sale por los poros. Así lo muestran en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador,
el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.” (La pasión de decir/2, El libro de los abrazos – Eduardo Galeano)

“Las tinieblas de la noche velaron sus ojos, cayó de espaldas y se le desmayó el alma. Arrancóse de su cabeza los vistosos lazos, la diadema, la redecilla, la trenzada cinta y el velo…” (Canto Veintidos, Muerte de Héctor, La Iliada – Homero)

“Qué es el amor… buscar en el arco iris un nuevo color…
Y es que el amor como todo lo que es bello no tiene explicación. Es refugio y morada de algún soñador que jugando a poeta quiso ser un cantor. Y es que al final tendrás en tu inventario lo que llegues a amar…” (Inténtalo encontrar – Mayte Martín)

“…no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel,…” (Seda – Alessandro Baricco)

“Sabía leer. Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez. Sabía leer. Pero no tenía qué leer.” (Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda)

“Corrí con el viento en la cara y con una sonrisa en los labios tan ancha como el valle del Panjsher.” (Cometas en el cielo – Khaled Hosseini)

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