Hombres

hombresEl informe del detective privado al que contraté para seguirme no daba lugar a dudas: yo, en realidad, era una mujer. No me sorprendió demasiado, lo sospechaba desde hacía unos meses. Las marcas de carmín en la almohada al despertar algunas mañanas en las que la certeza de haberme acostado solo era —para chasco de mi faceta de galán— aplastante, o el dolor de pies tan pronunciado tras una noche de fiesta, o los restos de esmalte rojo en unas uñas de manicura perfecta —en mí, que hasta donde recuerdo siempre me las había mordido—, me hicieron presentir lo peor. Seguir leyendo

Postizos

ORTOPEDIA“Ortopedia Horta”. Parado frente a su escaparate, trataba ahora de recordar la de veces que, camino del trabajo, había escrutado con la mirada cada uno de los artilugios que se agolpaban en sus vitrinas en un aparente desorden, sin saber para qué servían la mayoría de ellos. Él, que hasta entonces se había considerado un tipo de lo más normal, de esos que no destacan por nada, un hombre al que nunca le gustó llamar la atención; hasta ese día en que se decidió a entrar. Seguir leyendo

Cumbre o abismo

cumbreoabismo«Cumbre o abismo», la inscripción de su mochila. Una caligrafía apenas legible a la que le empieza a costar aguantar el paso del tiempo. Siempre fueron cumbres, tantas que ya no era capaz de recordar cuál fue la primera. Un ritual. Calzarse sus botas, paso a paso, como quien sigue la secuencia de un baile que no admite improvisación. Seguir leyendo

Evocaciones

vías de trenHora de recordar. Una se despedaza con el tiempo. Igual que la madera. No envejece, aunque también, solo se despedaza por dentro. Deja de ser. Poco a poco. Se vive para evocar. Pero el qué. Los amaneceres húmedos. La tierra caminada. Los sueños que te despertaron. Los carámbanos en la cornisa. Las pieles perdidas. Los caprichos del viento enredado en el pelo. Las letras abandonadas en una pared. El olor de la lluvia en verano. El balanceo de la mecedora. El tacto de la piedra blanca. Aquella melodía. Su voz. El lila pálido del edredón. La camisa mil rayas. Los rostros tras las ventanillas. El sonido del tren. Una está indefensa ante los recuerdos. Y sin embargo. Seguir leyendo

Koo-Koo, la mujer pájaro

kookooPor increíble que pareciera, Evelina, a sus cuarenta y tres años, nunca había estado en el circo. Nunca hasta aquél viernes de marzo en que titiriteros, malabaristas, maromeros, amaestradores de osos y tigres, volatines y todo tipo de saltimbanquis, desembarcaron en la explanada del campo de fútbol plantando sus lonas y carromatos en un santiamén, y dispuestos a quedarse al menos una semana. Seguir leyendo