Un cielo verde

Un cielo verde

Los vecinos del barrio le quieren porque les consigue pequeñas cosas. Hoy es otro de esos días de encargos. Moha sale de su casa, atraviesa las calles sin asfalto, pasa junto a los campos abandonados de antiguos vecinos, y en pocos minutos llega junto al enorme muro de hormigón. Seguir leyendo

Tierra hollada

Tierra holladaUn día como hoy él habría cumplido 97 años, treinta más que yo.

Hacía calor, demasiado para ser junio todavía. Luna nueva. Habían esperado a que cayera la noche de forma que esta era su único testigo. Le habían sacado de la cama a golpe de culata amenazante escupiendo su nombre «¿Valentín Galache?, ¡levanta!». Ahora trataba de cubrirse al menos con una camiseta mientras enfilaba escaleras abajo. Escuchaba los golpes de puños desafiantes en las puertas vecinas, caminaba todo lo despacio que le permitía su captor, y observaba con incredulidad cómo a otros también les sacaban de sus casas. «Será solo un paseo», le había dicho aquél soldado sonriendo, probablemente no habría cumplido ni los veinte. Solo hombres. Hacía calor, demasiado para ser junio todavía. Seguir leyendo

De nido de abeja

De nido de abeja—En realidad nunca soporté heredar tu ropa, Irene, recuerdo aquellos vestidos llenos de volantes, como el azul ¿te acuerdas de aquel vestido azul cielo de nido de abeja?,… lo odiaba, cada vez que me lo hacían poner, los niños del parque se reían de mí llamándome “princesita” y me apartaban a un lado diciendo que no podía jugar con ellos por si me manchaba. Y tus zapatos, tus horribles merceditas que, con eso de que eras tan buena que apenas desgastabas la ropa, me llegaban de herencia totalmente impolutas y con la suela y tacón en perfectas condiciones… ¡el daño que me hacían siempre sus dichosas trabillas!, papá y mamá no parecían darse cuenta de que mis pies nada tenían que ver con los tuyos y que los que a mí realmente me gustaba llevar eran los deportivos blancos que la abuela me regaló. Irene ¿escuchas lo que te estoy diciendo? Seguir leyendo

Balas negras

Acababa de amamantar a la pequeña Manu cuando irrumpieron con estruendo en su casa, ya era la tercera vez que lo hacían en menos de dos meses. Minutos antes la había despegado de su pecho rezumante aún de leche y, en un intento de ocultarla, enrolló su diminuto cuerpo con una estera para abandonarla en una esquina de la habitación, junto a un cesto y las vasijas de plástico que cargaba cada día cuando marchaba en busca de agua; afortunadamente dormía y no la descubrirían. Seguir leyendo

Garabatos

Me aferro a mi bloc de papel y a mis lápices de carboncillo como si me fuera la vida en ello, de momento nadie me los ha prohibido, tan solo han sido examinados detalladamente y una mujer de uniforme ha pegado la correspondiente etiqueta que los identifica como objetos de mi propiedad, al igual que ha hecho con la escasa ropa con la que ingreso: apenas un par de pantalones, media docena de camisetas, unas cuantas mudas y un vestido corto de flores que dudo tenga ocasión de utilizar aquí. Seguir leyendo