Contigo sin nadie

durmiendo2Tú y mi amor, mientras miro

Dormir tu cuerpo cuando

Amanece. Así mira

Un dios lo que ha creado.

Dormida, como si desconocieras el significado de la palabra tiempo. Desnuda, abrazada al espectro de sábanas que he dejado al levantarme. Eres la única persona en el mundo capaz de hacerme despertar al alba. Para mirarte. Seguir leyendo

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Otto

OttoHay personas que viven a contracorriente. Yanet es una de ellas, trabaja de noche, se viste de colores claros en invierno, se casó con un hombre mayor que ella por amor, y comparte piso con un escuálido galgo al que no soporta. Sirve copas en una de esas salas de fiesta que se esfuerzan por crear ambientar caribeños de cartón piedra para corazones nocturnos y solitarios como ella. Seguir leyendo

Ella o Él

hombre-mujerHA SIDO UN FLECHAZO, ME HE ENAMORADO DE MÍ. ¿Acaso alguna vez no han deseado ser su propia pareja?, ¿ser el otro, o la otra?, ¿no se han deseado nunca? Anoche me vestí para mí, quería sorprenderme, seducirme, hacer que me volviera loco, completamente loco por mí. Tenía toda la tarde para realizar la transformación, pensé que sería suficiente, imaginé de lo que son capaces de hacer los actores en los entreactos cuando han de dar vida a varios personajes en la misma obra y estaba seguro de que yo algo podría hacer en este tiempo. Seguir leyendo

Poinsettia

PoinsettiaJoder, cariño, ¿te he dicho lo poco que me gusta que te mueras? No, no te lo he debido decir. ¡Te prohíbo que te mueras! La primera vez que te prohíbo algo, porque no dirás que me he metido mucho en tus cosas todo este tiempo, que siempre has entrado y salido cuándo y como has querido, como aquella vez que te marchaste una semana dejándome una pequeña nota en el reverso de la cuenta del supermercado, sobre la encimera, “Volveré”, decías, y volviste, y yo no te pregunté dónde habías estado, y mucho menos con quién. Seguir leyendo

La carrera

barco—Rema, Diego, rema, yo te ayudo —le animo mientras me siento en el suelo tras él sobre la improvisada embarcación de cartón que hemos construido. Cojo el par de bastones rojos con los que solemos ir al campo y simulo que son remos.

—Pero si las mujeres no tienen casi fuerza, mamá, ¿cómo vamos a llegar los primeros?, haremos el ridículo —Diego toma sus pequeños bastones azules del suelo y se resigna a remar también, resoplando en cada palada.

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