Ella o Él

hombre-mujerHA SIDO UN FLECHAZO, ME HE ENAMORADO DE MÍ. ¿Acaso alguna vez no han deseado ser su propia pareja?, ¿ser el otro, o la otra?, ¿no se han deseado nunca? Anoche me vestí para mí, quería sorprenderme, seducirme, hacer que me volviera loco, completamente loco por mí. Tenía toda la tarde para realizar la transformación, pensé que sería suficiente, imaginé de lo que son capaces de hacer los actores en los entreactos cuando han de dar vida a varios personajes en la misma obra y estaba seguro de que yo algo podría hacer en este tiempo. Seguir leyendo

Poinsettia

PoinsettiaJoder, cariño, ¿te he dicho lo poco que me gusta que te mueras? No, no te lo he debido decir. ¡Te prohíbo que te mueras! La primera vez que te prohíbo algo, porque no dirás que me he metido mucho en tus cosas todo este tiempo, que siempre has entrado y salido cuándo y como has querido, como aquella vez que te marchaste una semana dejándome una pequeña nota en el reverso de la cuenta del supermercado, sobre la encimera, “Volveré”, decías, y volviste, y yo no te pregunté dónde habías estado, y mucho menos con quién. Seguir leyendo

De vainilla

De vainillaSoy Rafael. Lo último que se me pasó esta mañana por la cabeza era que estaría más de media hora encerrado en un armario viendo cómo Isabel, mi amor inconfeso, se deshacía en carantoñas con Eduardo, su marido, minutos después de que este apareciera de improviso en el que era nuestro rincón pasional preferido cuando él se encontraba de viaje, su dormitorio. Y mucho menos que ella le recibiría con el conjunto de encaje azul celeste —como sus ojos— que minutos antes le había regalado con ocasión de nuestros primeros doce meses juntos. Seguir leyendo

Una jaula de grillos

Una jaula de grillosEn apenas sesenta metros cuadrados vivíamos mis tíos, mi primo, el abuelo, y yo. Cada poco tiempo se unían también más de cinco mil grillos que salían de pequeñísimos huevos amontonados en el interior de decenas de cajas apiladas, que acabaron guardadas en el interior de un armario de cerezo en la habitación del abuelo. Las trasladamos allí cuando, según daba a entender el último parte médico, el abuelo había dejado de ser para simplemente estar entre nosotros. Seguir leyendo

El epitafio

El epitafioEra la segunda vez que enterraba a mi padre. Cuando el sepulturero, aquella mañana de agosto, rompió la placa de cemento que cubría la entrada del nicho que siete años atrás había levantado, solo se escuchó el silencio de los poquísimos que estábamos allí presentes, el de mamá —de nuevo de riguroso luto—, el de mis dos hermanos gemelos, el mío y el de Hipólito —portero de la finca y amigo de la familia desde hacía casi cuarenta años—, el único que supo desde siempre lo que realmente había sucedido. Seguir leyendo