Contigo sin nadie

durmiendo2Tú y mi amor, mientras miro

Dormir tu cuerpo cuando

Amanece. Así mira

Un dios lo que ha creado.

Dormida, como si desconocieras el significado de la palabra tiempo. Desnuda, abrazada al espectro de sábanas que he dejado al levantarme. Eres la única persona en el mundo capaz de hacerme despertar al alba. Para mirarte. Seguir leyendo

Evocaciones

vías de trenHora de recordar. Una se despedaza con el tiempo. Igual que la madera. No envejece, aunque también, solo se despedaza por dentro. Deja de ser. Poco a poco. Se vive para evocar. Pero el qué. Los amaneceres húmedos. La tierra caminada. Los sueños que te despertaron. Los carámbanos en la cornisa. Las pieles perdidas. Los caprichos del viento enredado en el pelo. Las letras abandonadas en una pared. El olor de la lluvia en verano. El balanceo de la mecedora. El tacto de la piedra blanca. Aquella melodía. Su voz. El lila pálido del edredón. La camisa mil rayas. Los rostros tras las ventanillas. El sonido del tren. Una está indefensa ante los recuerdos. Y sin embargo. Seguir leyendo

Poinsettia

PoinsettiaJoder, cariño, ¿te he dicho lo poco que me gusta que te mueras? No, no te lo he debido decir. ¡Te prohíbo que te mueras! La primera vez que te prohíbo algo, porque no dirás que me he metido mucho en tus cosas todo este tiempo, que siempre has entrado y salido cuándo y como has querido, como aquella vez que te marchaste una semana dejándome una pequeña nota en el reverso de la cuenta del supermercado, sobre la encimera, “Volveré”, decías, y volviste, y yo no te pregunté dónde habías estado, y mucho menos con quién. Seguir leyendo

Koo-Koo, la mujer pájaro

kookooPor increíble que pareciera, Evelina, a sus cuarenta y tres años, nunca había estado en el circo. Nunca hasta aquél viernes de marzo en que titiriteros, malabaristas, maromeros, amaestradores de osos y tigres, volatines y todo tipo de saltimbanquis, desembarcaron en la explanada del campo de fútbol plantando sus lonas y carromatos en un santiamén, y dispuestos a quedarse al menos una semana. Seguir leyendo

Lluvia

Lluvia—Fuiste tú quien mató al Duque ¿verdad?

—¿Otra vez estás con eso, Yolanda?

Pocas cosas había para hacer en aquél alejado pueblo de montaña en el que, al menos tres meses al año, el acceso por coche era prácticamente imposible por las fuertes nevadas. Aún hoy Yolanda seguía preguntándose en qué habría estado pensando cuando Diego le propuso mudarse allí, y de eso hacía ya casi tres años. Recuerda sus palabras con tal nitidez como si las estuviera escuchando de nuevo “Viviremos bien, cariño, la vida allí será como siempre la hemos soñado: nuestra casita, nuestro terreno, nuestro huerto,… nuestra libertad”. Nuestro aislamiento, en definitiva –pensó. Seguir leyendo