Una cabeza, un sombrero

Una cabeza, un sombreroEn el instante en el que el reloj de la Iglesia de Santa María daba las doce del mediodía, la campanilla que colgaba del marco de la puerta de entrada de la tienda repicó levemente. Don Eduardo, que en esos momentos se encontraba en la trastienda apilando las cajas de los nuevos modelos de caballero recién llegados de París, tardó unos segundos en atravesar la cortinilla roja que separaba esta de la estancia principal de su negocio. De espaldas a él un caballero de mediana estatura echaba un vistazo sobre los modelos que colgaban de un perchero junto a la entrada; vestía una levita verde muy entallada y unos pantalones blancos de corte Collant abotonados en los tobillos que tan de moda se habían puesto últimamente. Los ojos de Don Eduardo se clavaron inmediatamente en el desgastado sombrero que llevaba puesto. Seguir leyendo

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La mujer que fuiste

La mujer que fuisteTe tiemblan las manos, tanto que dejas caer el cuchillo de cocina sobre las baldosas blancas, salpicándolas de sangre. Sientes que empiezas a marearte, y que tu respiración se vuelve agitada, casi imposible, te apoyas sobre la mesa de la cocina y rebuscas en el cajón, lo tienes, un par de inhalaciones profundas, te dejas caer sobre la banqueta. Mucho mejor. Piensas que deberías seguir con tus cosas, empezar a arreglarte y marcharte a menos cuarto, como cada día, pero tus pies no parecen querer moverse. Seguir leyendo