La mujer que fuiste

La mujer que fuisteTe tiemblan las manos, tanto que dejas caer el cuchillo de cocina sobre las baldosas blancas, salpicándolas de sangre. Sientes que empiezas a marearte, y que tu respiración se vuelve agitada, casi imposible, te apoyas sobre la mesa de la cocina y rebuscas en el cajón, lo tienes, un par de inhalaciones profundas, te dejas caer sobre la banqueta. Mucho mejor. Piensas que deberías seguir con tus cosas, empezar a arreglarte y marcharte a menos cuarto, como cada día, pero tus pies no parecen querer moverse. Seguir leyendo

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Contrapunto

Contrapunto

— ¿No volverás tarde?

Había una gran ansiedad en la voz de Marjorie Carling; había algo semejante a una súplica.

—No; no volveré tarde —dijo Walter, con la culpable y desdichada certeza de que lo haría; igual que llevaba haciéndolo cada miércoles invariablemente a lo largo de los últimos cuatro meses. Quizá Marjorie imaginaba algo, pero creía conocerla lo suficiente como para estar seguro de que nunca se lo haría saber ni se enfrentaría a él abiertamente a la cara. Seguir leyendo