La mujer que fuiste

La mujer que fuisteTe tiemblan las manos, tanto que dejas caer el cuchillo de cocina sobre las baldosas blancas, salpicándolas de sangre. Sientes que empiezas a marearte, y que tu respiración se vuelve agitada, casi imposible, te apoyas sobre la mesa de la cocina y rebuscas en el cajón, lo tienes, un par de inhalaciones profundas, te dejas caer sobre la banqueta. Mucho mejor. Piensas que deberías seguir con tus cosas, empezar a arreglarte y marcharte a menos cuarto, como cada día, pero tus pies no parecen querer moverse. Seguir leyendo

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